¿Qué mejor que introducirnos en un movimiento literario tan lleno de fantasía e imaginación como es el Romanticismo con un proyecto de escritura de microrrelatos perversos? Eso es exactamente lo que desarrollamos durante una semana en las clases de Lengua y Literatura de 4º ESO.

Comenzamos con la lectura de algunos relatos de la intrigante y perturbadora recopilación del autor Fernando Iwasaki en El ajuar funerario. El alumnado disfrutó de historias como “No hay que hablar con extraños”, “Peter Pan” o “Dulces del convento”, chocados en un principio por sus sorprendentes finales. El segundo día revisamos las diez características fundamentales de este tipo de historias, ejemplificándolas con libros, series, películas, historias tradicionales o cómics. Con ello, pudieron percibir en primera persona como todos los ingredientes necesarios ya constaban entre sus conocimientos y sus referencias cinematográficas o literarias.

Finalmente, llegó el gran día, el día de la producción de sus propios microcuentos, con resultados excepcionales. No puedo más que felicitar a todo el grupo por su interés, su participación activa y su búsqueda de historias asustadoras y profundamente perversas…

 

La primera vez que volé

Todos los días voy con mi abuela al acantilado en el que volé por primera vez. No entiendo por qué a mis padres siempre se les saltan las lágrimas.

Alejandro, Lorenzo, Zixun

 

Solo enciende la luz

Me despierto sobresaltado y me incorporo sobre mi cama. Otra noche igual.

Miro a mi alrededor, lo siento. Siento las miradas, siento cómo se ciernen sobre mí.

Y lo recuerdo.

“Solo enciende la luz”

Y todo vuelve a la normalidad.

Me despierto sobresaltado y me incorporo sobre mi cama. Otra noche igual.

Aunque ahora sé cómo actuar.

Enciendo la luz.

Pero no se va. Mi corazón deja de latir por un segundo. Parpadeo.

Y desaparece.

Creo que me estoy volviendo loco.

Otra noche, antes de irme a dormir, llamo a mamá.

– Tengo miedo – le digo.

– ¿Por qué? – pregunta ella.

– Hay un monstruo en mi habitación – susurro, como si temiera que me escuchase.

Mamá se quedó conmigo. Estaba adormilada cuando se levantó.

Y, curiosamente, ahora que la veía, mamá se parecía al monstruo.

Sofía, Aitana G. , Alejandra

 

Perverso

Me despierto y voy como de costumbre al colegio, todos los días veo salir a Marcos de su portal y cuando lo alcanzo caminamos juntos. En clase nunca nadie quiere hacer los trabajos conmigo. En el comedor nadie se sienta conmigo, en la hora del patio suelo sentarme bajo un árbol y contemplar como juegan mis compañeros. Marcos nunca me espera a la salida, siempre tengo que salir corriendo tras él para acompañarlo a su casa y siempre parece ignorarme.

Entro en mi casa y veo a mamá llorando, desesperada como de costumbre, no me habla, ni me mira, supongo que está enfadada. Hoy he decidido ir a casa de Marcos y enfrentarme a él, ¿por qué me ignora?

Llego a su casa, Marcos estaba lavándose los dientes en el baño, me pongo a su lado y empiezo a hablar con él, pero tengo la sensación de que no me escucha. Tengo la sensación de ser invisible.

Miro al frente y, para mi sorpresa, solo veo a Marcos reflejado en el espejo.

 

Cristina Corral (Profesora de Lengua castellana)